Turquia

Excelentísimos jefes de estado, ministros e invitados, corresponde a Turquía realizar el análisis de acuerdos tomados en la cumbre de París 2015. Han sido muchos los esfuerzos realizados para poner en primer lugar el cuidado de la madre naturaleza y con ella todas sus riquezas naturales.
Consciente de que el cambio climático representa una amenaza apremiante y con efectos potencialmente irreversibles para las sociedades humanas y el planeta y, por lo tanto, exige la cooperación más amplia posible de todos los países y su participación en una respuesta internacional efectiva y apropiada, con miras a acelerar la reducción de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
Turquía es una economía en crecimiento en un contexto de crisis. Pero el crecimiento insostenible tiene su parte negativa, en especial, para el medio ambiente. Lo que se ha convertido en una revolución pacífica en Ankara y Estambul y otras ciudades turcas comenzó como una protesta ecologista en contra de un proyecto para construir un centro comercial en la plaza Taksim de esta última ciudad. El proyecto de la plaza Taksim no es el único problema ambiental al que debe hacer frente el Gobierno de Turquía. Las políticas de desarrollo económico ponen en grave peligro a marsopas, delfines y otras especies marinas, cuya población disminuye peligrosamente.
En el sur del Bósforo, el estrecho de Estambul, que separa Europa y Asia, vive un grupo de delfines mulares. A menudo, los delfines chocan contra los barcos, buques que transportan combustible y otro tipo de carga o cruceros que llevan miles de turistas a conocer la increíble mezcla de culturas que es Estambul .El agua de Estambul albergaba antaño una rica biodiversidad marina: peces espada, tortugas marinas y focas monje del Mediterráneo, entre otras especies. Estas últimas han desaparecido de la zona, así como muchas poblaciones de peces. De 1990 a 2006 casi se duplicaron las emisiones de dióxido de carbono en Turquía.  Los funcionarios turcos empezaron a preocuparse por los peligros que esto suponía,  la ubicación de Turquía en el Mediterráneo hace que sea vulnerable a la erosión costera, inundaciones, sequías frecuentes y degradación del suelo. En 2004, Turquía se adhirió a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, y en 2009 firmó el Protocolo de Kyoto, un acuerdo global con objetivos vinculantes por ley para controlar las emisiones de dióxido de carbono. Dada su limitada experiencia en el tema del cambio climático, el gobierno turco recurrió a la ayuda del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo se dirigió a los ámbitos gubernamentales, no gubernamentales, empresariales y académicos, y ofreció sesiones informativas sobre medición de emisiones, ciclos de mitigación y alcance de las negociaciones internacionales sobre el cambio climático.
Asimismo, coordinó las actividades de creación de la Comunicación nacional,  un documento exigido a todas las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas, donde se detallan las tendencias de las emisiones locales y las medidas propuestas para cumplir los objetivos del Convenio. 20 instituciones y 100 expertos procedentes de los sectores de clima, energía, industria, agricultura, economía y gobierno participaron en la elaboración del documento.

Hace diez años, sólo había doce funcionarios del gobierno turco trabajando en temas de cambio climático. Hoy, más de 300 personas trabajan en esto, y existen políticas nacionales para mitigar los cambios y adaptarse a ellos.
La transformación es parte de un marco amplio de actividades realizadas por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo para concientizar a la población sobre el problema que representa el cambio climático en Turquía y desarrollar en el país la capacidad de mitigarlo y adaptarse.
“Trabajamos con el PNUD en muchos aspectos”, dijo Muhammed Ecel, jefe del Departamento de Cambio Climático del Ministerio de Medio Ambiente y Urbanización.  “El PNUD es un organismo indispensable dentro de las Naciones Unidas” afirmó.

Es imprescindible tomar conciencia de la necesidad de proteger el medio ambiente, de eliminar todo aquello que pueda dañarlo y llegar ha acuerdos que disminuyan los efectos negativos del propio desarrollo humano, teniendo como punto de partida las palabras de nuestro inolvidable Comandante en Jefe cuando dijo en la Conferencia de la ONU sobre el Medio Ambiente el 12 de junio de 1992 ¨desaparezca el hambre y no el hombre¨.